Crítica: ‘Blancanieves y la Leyenda del Cazador’

‘Blancanieves y la leyenda del cazador’ (2012) se basa en el mundialmente conocido cuento infantil alemán publicado por los hermanos Grimm en 1812. Partiendo de una historia conocida por todos y libre de derechos de autor, esta gran producción hollywoodiense está producida, entre otros, por Joe Roth, quien participó en 2010 en otra adaptación de un cuento infantil, ‘Alicia en el país de las maravillas’, dirigida por Tim Burton. Igual que ‘Alicia’, esta ‘Blancanieves’ cuenta con un estilo visual gótico y oscuro, pensada para un público más adolescente que los cuentos originales o las películas de Disney. Sin el peculiar  estilo y sentido del humor de Tim Burton, la dirección y el guión se encomiendan a unos primerizos Rupert Sanders y Evan Daugherty, inexpertos, pero más baratos.

Kristen Stewart (‘Crepúsculo’, 2008) es una sosa y mustia Blancanieves, cuando se supone que esta versión quería hacer hincapié en sus dotes de liderazgo, por encima de la simple belleza física característica de la protagonista del cuento. Chris Hemsworth (‘Thor’, marido de Elsa Pataky) es el cazador, quien también aburre, como el resto de personajes y situaciones, todo por culpa de un guión absurdo que lo único que hace es añadir rellenos al cuento original, como los monstruos y orcos y demás criaturas creadas por ordenador, o el intento de explicar el pasado que motiva a la malvada madrastra, o la batalla final, liderada por Blancanieves para tomar el castillo, abusando de los efectos especiales. Lo único rescatable de la película son las escasas escenas en las que aparece Charlize Theron como la malvada y bella madrastra. No es muy difícil destacar con tanta inexpresividad a su alrededor y, además, se baña en una bañera de leche.