Las mejores réplicas de Schwarzenegger en la película Ejecutor

En el arte de la réplica jocosa en el cine de acción, Schwarzenegger es ya un veterano. Su peculiar sentido del humor para salir al paso de cualquier situación con sus comentarios jocosos es digno de estudio. Ejecutor (‘Raw Deal’, 1986) es una mala película dentro de la filmografía de Arnold y puede que esa sea la razón de que sus comentarios me resultaran tan graciosos, por contraste con la mediocridad del film. A continuación, los tres chascarrillos de patio de colegio de finales de los 80, pero soltados por un hombre ya adulto:

 

1. Con la parienta

Arnold llega a casa después de un duro día de trabajo. Su mujer prepara con cara de asco un pastel mientras bebe un vaso de whisky. Embriagada y enfadada, le deja claro que no le gusta su nueva vida en el campo. Arnold mira las cacerolas sucias por el pastel de dudoso aspecto que prepara su querida mujer. Le pregunta qué hay para cenar. Parece que su chica se ha pasado todo el día preparando el pastel más feo del mundo y viendo bajar el nivel de whisky de su vaso, en vez de prepararle una buena cena a su cansado marido:

-¿Qué hay para cenar?

-Sólo el pastel –responde su mujer.

-Es lo mejor para engordar.

Esta falta de tacto por parte de Arnold es una táctica del guión para que su mujer se vaya enfadando, hasta que acaba tirándole el pastel a la cara, pero nuestro héroe de acción lo esquiva y con su semblante impasible, le dice: “No deberías beber mientras cocinas”. Como el “si bebes, no conduzcas”. Qué malo.

  2. Ligando

Arnold tiene que infiltrarse en la banda de los malos, así que va a susus oficinas centrales, que cuentan con un casino privado. Allí, una chica juega al 21, o ‘Blackjack’, con cara de estar perdiendo. Nuestro protagonista observa mientras fuma un gran puro. La chica se gira y le comenta resignada: “Perder perfecciona el carácter”. A lo que responde: “Ganar perfecciona el vestuario”.

3. Haciéndose respetar

Ya en la oficina del malo, Arnold tiene que ganarse su respeto para que lo acepte en su banda. El malo cuenta con un esbirro, celoso del extraño que puede quitarle su trabajo, una oportunidad perfecta para demostrar la valía de Arnold como dialogante implacable. “Yo soy lo mejor que hay”, sentencia el esbirro. Arnold responde: “Max, si fueras lo mejor que hay, la rueda jamás se hubiera inventado”. Una réplica algo confusa, puede que infantil, pero sencillamente genial, como un buen chiste malo.

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